No hay nada que se convierta en algo tan mágico y sagrado como una montaña en un lugar en el que apenas hay montañas. Algo así ocurre con los Montes Tamalpais, situados en la costa norte de California. En su punto más alto no llegan a los 800 metros, pero en una región tan poco abrupta, cualquier altitud ya tiene un ingrediente misterioso. Rick Riordan, en su saga de aventuras sobre Percy Jackson y los dioses del Olimpo, sitúa en Estados Unidos algunos hechos relacionados con la mitología griega. En los montes Tamalpais es donde los titanes reconstruyen el Monte Othrys y desde donde Atlas sostiene el cielo.

No queda ahí la mitología que rodea a los montes Tamalpais, pues algunos historiadores deportivos ubican en sus laderas y caminos el nacimiento del trail running en 1905. Hasta un grupo de corredores llegó la noticia de que en Stinson Beach se abrió una posada así que se desafiaron unos a otros para ver quién podía correr más rápido para llegar hasta el nuevo establecimiento a través de los senderos montañosos. Lo que comenzó como una apuesta amistosa, finalmente se convirtió en un evento. El año siguiente, los corredores se reunieron para organizar una carrera a campo a través siguiendo el camino que habían adoptado para su apuesta.

El concepto de trail running, tal como lo define la International Trail Running Association, abarca toda carrera natural, definida como aquella que discurra por terreno natural sin más de un 30 por ciento de asfalto como referencia máxima. La American Trail Running Association también asume este mismo concepto, donde el hecho de que la carrera sea por montañas, desiertos o incluso pistas forestales, se considera igualmente válida.

Para empezar  en el trail running lo primero es tener claro que correr en asfalto no es, ni mucho menos, lo mismo que correr campo a través. Desplazarse sobre tierra, plantas, piedras y desniveles constantes van a suponer algo muy a tener en cuenta: será casi imposible correr al mismo ritmo que sobre cemento. Ante este tipo de superficies será muy importante el fortalecimiento del tren inferior para aumentar la resistencia y la fuerza para enfrentarse a estos terrenos. Eso no quiere decir que haya que descuidar la parte superior del cuerpo, pues de él va a depender la estabilidad y el equilibrio. Aunque el ritmo puede sufrir un poco fuera de la carretera, cada zancada es un gran estímulo para las caderas, cuádriceps y pantorrillas, lo que ayuda a mejorar el equilibrio, la fuerza y la rotación del pie. La gran ventaja es que debido al terreno más suave, el trail running ofrece un menor riesgo de lesiones que correr en carreteras o caminos pavimentados.

No correr en la misma superficie conlleva un segundo paso lógico: las zapatillas que se usan para correr sobre asfalto no sirven para el trail running. Es necesario usar modelos que incluyen tacos en la suela, que están más reforzados y son más altos, además de que cuentan con mayor amortiguación. El material no es el mismo y el entrenamiento tampoco.

Durante este tipo de carreras, lo ideal es tomar alimentos con un índice glucémico medio o alto y que sea de rápida absorción. Una opción muy cómoda son los geles energéticos que ocupan poco espacio y son fáciles de llevar. Dentro de toda la gama de geles que hay, es importante seleccionar un buen gel ya que en el mercado vemos que no son todos iguales, los hay que mezclan 3 tipos de carbohidratos (glucosa, fructosa y maltodrextina), como los Geles energéticos Enervit Sport, lo que hace que esta combinación nos permita utilizar una mayor cantidad de carbohidratos por hora frente a los geles que solo llevan un tipo de carbohidrato.

En referencia al tipo de entrenamiento, las sesiones en cuesta son un elemento básico para que la musculatura esté preparada para soportar las subidas y las bajadas. Las sesiones pueden ser algo más largas que en asfalto, lo que se recomienda es aumentar de forma progresiva entre un cinco y un diez por ciento cada semana, dejando una de descanso al mes.

 

Autor: Noah and point